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Gatos cazadores

No es verdad que hijo de tigre salga pintado. Ni aquello de que “de tal palo tal astilla”. En los campos, las ratas suelen alcanzar tamaños descomunales y pueden enfrentar a un gato, en una pelea con resultados inciertos.

Y, claro, siempre hay gatos que han venido puliendo sus artes combativas para enfrentar a estas ratas gigantes agresivas. Pero sucede que los hijos de estos gatos, cuando ven a sus padres cazar y matar estas ratas peligrosas quieren imitar la conducta, pero quedan frustrados.

Dado que la rata puede matar a un pequeño gato sin experiencia, los padres que son excelentes cazadores y que conocen el peligro del enfrentamiento, sabotean la acción de caza: o asustan a la rata para que tenga tiempo de escapar, o se interponen entre la rata y el gatito inexperto, o de un manotazo tumban al crío cuando corre tras la presa. Resultado: los hijos de gatos muy buenos cazadores, nunca son buenos cazadores.

A eso se le llama sobreprotección. Quizás en algunos humanos, conductas similares, arrojen resultados similares. Por eso alguien decía que la fortuna la inicia el abuelo, la agranda el hijo, y la dilapida el nieto.
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