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Lo que leían los que no sabían leer
Ni siquiera 'El Principito', escrito por Antoine de Saint-Exupéry, se salvo de la dictadura de marzo del 76. Los militares concluyeron que 'El Principito' era subversivo porque alentaba en los niños una ilimitada fantasía.
También el cuento de Elsa Bornemann 'Un elefante ocupa mucho espacio' premiado internacionalmente en 1975, fue prohibido en 1977 porque su historia sobre una huelga de animales tenía una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo, según decía un decreto militar.
Había una lista de recomendaciones a los autores infantiles para que no incluyeran palabras con connotaciones obreras como alpargatas para referirse al calzado.
El cuento infantil alemán 'Cinco dedos' en el que manos de diferentes colores compiten entre sí, fue incluido en la lista negra porque la mano derrotada era la verde, el color del uniforme del Ejército, lo que fue interpretado como un claro mensaje subversivo.
Ni el tango se salvó. El popular 'Cambalache', que Discépolo escribió en 1934 fue tildado de derrotista y censurado.
En sus estrofas, el poeta describió la decadencia moral de Argentina en los años 30: Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor (...), lo mismo un cura que un gran profesor (...) los inmorales nos han igualao, decía el tango, cuya difusión fue prohibida por radio y televisión.
La dictadura no solo apuntó a sus enemigos de carne y hueso. Basta con decir que en 1980 la Policía de Buenos Aires quemó más un millón y medio de libros del Centro Editor de América Latina (CEAL) en una fogata que ardió en un descampado durante tres días.
Texto sintetizado de una información de AFP. BUENOS AIRES. Marzo 27 de 2006