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En la década de los años cincuentas, apareció en las páginas de El Espectador de Bogotá, la firma de un nuevo periodista que impresionó por su riqueza narrativa: era Gabriel García Márquez.
Y tuvo su gran oportunidad cuando durante el gobierno fascistoide de Gustavo Rojas Pinilla, los militares trajeron un buque lleno de contrabando. Venía tan cargado que, por una errática distribución de la carga, el barco venía escoriado y una ola pequeñita sobrepasó la cubierta, y barrió con algunos marineros. Todos murieron, salvo uno de apellido Velasco que días más tarde, en el hospital, narró la historia a GGmárquez.
El gobierno colombiano dijo que en medio de una tormenta en el Caribe, el barco había estado a punto de zozobrar. Hecho el examen meteorológico del día del accidente, se estableció que el mar estaba tan calmo como un estanque casero. No hubo un solo viento, una sola ola que pudiera haber explicado la tragedia.
GGmárquez logró entrar al hospital, disfrazado de médico, porque el marinero estaba bajo fuerte custodia, y logró garabatear algún dibujo y aclarar lo relacionado con el accidente.
La crónica del primer día fue tan apasionante, que el periódico se agotó ese día. Y terminaba con Mañana continuará....
En el segundo día, la gente hizo fila desde las cinco de la mañana, en el periódico, para no quedarse sin el ejemplar. Y ese mismo día una multitud ansiosa se agolpó en las afueras del periódico desde las once de la noche, a la espera de que el diario cerrara edición para obtener el primer ejemplar.
El ejército y la policía se vieron en calzas prietas para controlar aquella multitud que quería leer el resto de la historia. Fue, quizás, la única vez en la historia del periodismo mundial, que hubo necesidad de acudir a la fuerza represiva para controlar a lectores de noticias.
Después, aquellas crónicas se convirtieron en un libro que se lee sin respirar, como si nosotros hubiéramos sido barridos por una ola inmisericorde y no supiéramos leer. Además, el libro tiene un título precioso, que parece arrancado de las crónicas de la caballería:
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"Soy escritor por timidez.
Mi verdadera vocación es la del prestidigitador,
pero me ofusco tanto tratando de hacer un truco,
que he tenido que refugiarme en la soledad de la literatura."
Para los interesados, en más de un sitio en la red se puede acceder en forma libre a este texto. Recomendado. Y no lleven salvavidas. De todas formas estarán perdidos. Cuando empiecen a leerlo, ya no podrán detenerse.
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