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El origen de esta expresión viene de los inicios del castellano escrito cuando no teníamos imprenta y copiábamos los libros a mano. El tipo de letra más usado era el de los tipos góticos y en aquel entonces se encontraba con frecuencia que algunas expresiones del naciente idioma y del latín, tenían dos letras íes juntas.
En ese caso, una letra i, seguida de otra i, -- sin puntos --, podía confundirse fácilmente con una letra u. Para evitar confusiones, se colocaba sobre la i una serie de señales. Una virgulilla, un punto, una tilde... y al final, para evitar confusiones en las personas que leían, la orden del jefe era: ponga los puntos sobre las íes, es decir, evite confusiones, deje todo claro.
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iiiiiiiiiii
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Observemos que las jotas también tienen puntos, pero no se dice poner los puntos sobre las jotas, porque no existían estas dos letras juntas en castellano, y aún así, no se hubieran podido confundir con la u.
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