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Cuando se eleven los mares, más de cien millones de personas tendrán que abandonar sus hogares. A dónde irán, en qué condiciones, y cuáles serán las repercusiones de esa catástrofe planetaria, es algo en lo que no piensan los profetas del desarrollismo.
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Ya habrá escuchado usted a esos anticantinflas de la economía: Hay que producir más, para que haya más riqueza, para que podamos repartir esa riqueza, para que haya más bienestar para que haya más desarrollo, para que crezcamos más, para que avancemos más. O algo igual de idiota, cambiando el orden de algunos términos por otros.
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