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ALEXANDER GRAHAM BELL
Un día como hoy, un hombre alto, delgado, de tez clara y cabellos negros, de estilo serio y concentrado estaba marcando la historia.
Este personaje llevaba varios años investigando todo lo relacionado con la expresión oral y con la acústica y quería inventar un aparato para solucionar los problemas de comunicación de los sordomudos.
Al final su curiosidad siguió un camino zigzagueante y terminó creando un equipo que nos ayudara a todos, y que sirviera para acortar las distancias, no para alargar las conversaciones. Y lo llamó teléfono.
Lo más curioso es que las primeras palabras pronunciadas por teléfono por el señor Bell, a su ayudante llamado Watson fueron:
Mr. Watson, please come here I need to say something to you
Por favor, señor Watson, venga que necesito decirle algo
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Extraordinario. Sencillamente extraordinario. El mismo Bell había inventado el teléfono justamente para que pudiésemos hablar a la distancia, y lo primero que hizo fue olvidar el objetivo de su invento.
Porque, ¿Para qué pedirle a su ayudante que viniera para hablarle, si se lo podía decir por teléfono?
Así somos los seres humanos. A veces tenemos la solución de nuestros problemas en nuestras manos y tardamos un tiempo en darnos cuenta.
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