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ALBERT EINSTEIN
Hubo un niño que a veces era extraño, solitario y a veces era un bromista incurable. En el colegio no tuvo mucha suerte, en principio, porque su profesor consideraba que era torpe para las matemáticas. En su cuaderno de notas, y como recomendación a sus padres, escribió:
Está negado para los números y lo mejor sería dedicarlo a las tareas agrícolas. Allí, entre el mugir de las vacas, tendrá pensamientos más acordes.
Años más tarde este niño menospreciado por su profesor, se convirtió en el Cristóbal Colón de la física, porque partió en dos su historia.
Se llamaba Albert Einstein y demostró que todo era relativo: el movimiento, el tiempo y el espacio, pero que su talento era absoluto.
Pensador socialista, irreverente, más famoso que los actores de cine su tiempo, no perdió nunca su proverbial humildad.
Cuando la universidad de Princeton le llamó como profesor, Einstein negoció su sueldo y dijo que necesitaba cuatro mil dólares al año.
La Universidad le respondió que lo lamentaba: que su sueldo sería solo de tres mil quinientos dólares. Pero no al año, sino cada mes.
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