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CRISTOBAL COLON
En el puerto andaluz de Palos, en Huelva, una mañana invernal, un día como hoy, las pocas personas presentes aquella madrugada, no podían creer lo que sus ojos veían.
De en medio de la bruma surgía, sin previo aviso, una figura fantasmagórica pero altiva que extendía sus velas airosas a la suave brisa mañanera.
No se alcanzaban a escuchar los gritos, pero toda la tripulación estaba sobre cubierta, agitando sombreros, y trapos, y hasta sus propias camisas deshilachadas, en un gesto de euforia.
Todos creían ya muertos a aquellos viajeros que habían partido hacía más de doscientos días, a la más arriesgada e histórica de todas las aventuras que el ser humano pudiese emprender.
La nave llegaba al mando de Cristóbal Colón. Llevaba algunas baratijas, unas pocas piezas de oro, cuatro guacamayas y seis indígenas medio desnudos, temblorosos, exhibidos como animales raros, en aquella mañana invernal.
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En aquel puerto, aquel día, Cristóbal Colón había resucitado del fondo de las distancias, más allá de todos los peligros y los mares y nacía para la historia. Era un día como hoy, 15 de marzo de 1493.
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