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MÁXIMO, EL AMARGO
Hubo un niño que a los cinco años quedó huérfano y empezó a vivir una infancia cruda y luego una adolescencia no más amable.
Este huérfano de techo, de cariños y de libros, se llamaba Aleksei y tuvo que hacer de todo para ganarse el pan amargo, duro y escaso de cada día: recadero, pastor, lavaplatos, cargador, chatarrero, vigilante, estibador.
No hubo una sola humillación ni un solo dolor que no tuviera que soportar y por eso, cuando se hizo mayor, cambió su nombre y decidió llamarse Amargo.
Amargo en ruso se dice GORKI. Y su nombre, entonces fue Máximo Gorki, y se le recuerda como el escritor número uno de la literatura socialista.
Tal vez tanto sufrimiento de niño, unido a un brillante talento y a un temperamento inquebrantable, se conjugó para regalarnos una literatura emotiva, comprometida y profunda.
En su libro Caminando por el mundo, al recordar los momentos difíciles de la vida, Gorki dice:
Se sale uno del camino y pierde todos los senderos y, por fin, cansado de buscarlos, aprieta los dientes y se adentra derecho en la espesura, por entre árboles derribados
por los movedizos terrones del pantano, y en definitiva, ¡Siempre sale al camino!
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Aquel niño huérfano, aquel monumental ser humano y gran escritor soviético, había nacido un día como hoy, 16 de marzo de 1868.
Gracias, Aleksei Maximovich, más conocido como Máximo Gorki, gracias por tus libros y tu ejemplo. Y, siempre, feliz cumpleaños.
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