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<< REGRESO A ÍNDICE DE EFEMÉRIDES
28 de Marzo
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EL POETA PASTOR
Hubo un niño en Orihuela, pueblito español, que alternaba sus estudios con el cuidado de un pequeño rebaño de cabras y ovejas, que era toda la riqueza de su familia.
Y cada vez que tenía un momento de paz leía versos. Y si no tenía dónde leerlos, los inventaba y los escribía en su memoria.
Pero la situación económica de la familia no era fácil y aquel niño tuvo que abandonar los estudios. Los sacerdotes jesuitas del colegio, que reconocían la inteligencia de aquel niño llamado Miguel Hernández, pidieron a su padre que le costease más estudios.
Pero el hombre, que era a ratos carpintero, a ratos pastor, a ratos muchos oficios, y siempre pobre, no pudo alimentar aquellos sueños, y al final lo dedicó a cuidar el rebaño y a repartir leche de casa en casa.
Pasaron los años y Miguel Hernández entendió que su destino estaba más allá de sus ovejas y montañas, en el mundo de las letras, en un Madrid que, por aquel entonces, empezaba a estremecerse con las letras y las ideas.
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Y después de varios intentos llegó a la capital. Allí se sumergió en la literatura y en las ansias de un nuevo mundo.
Hasta que llegó el fascismo con toda su barbarie y no pudo perdonarle a Miguel Hernández sus sueños de libertad.
Encarcelado, como tantos intelectuales brillantes y nobles, Miguel Hernández pagó con su vida su lucha por la dignidad.
Agónico, a golpes de uña, dejó escrito en la pared de la celda su último verso:
HERMANOS, CAMARADAS Y AMIGOS: DESPEDIDME DEL SOL Y DE LOS TRIGOS
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Fue un día como hoy, 27 de marzo de 1942, cuando apenas tenía 32 años. Y por encima del vacío y del dolor, celebramos la existencia de seres humanos como Miguel Hernández, poeta español.
Y lo celebramos recordando lo que dijo de él, otro gran poeta:
Tú, el más puro y verdadero, tú el más real de todos, tú el no desaparecido
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