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EL OMBLIGO DEL MUNDO
La historia Un domingo de 1722, el marino holandés Jacobo Roggeveen sintió uno de los más grandes miedos de su vida. Y no fue por un naufragio o una tormenta. Tampoco estuvo amenazado por monstruos marinos. Era algo peor.
Al acercarse a una isla en el pacífico, vio que era observado por unos gigantes de rostro duro, e impasible, cuyas cabezas medían hasta doce metros.
Sin poder dar marcha atrás y confiado en la bondad de aquellos gigantes, llegó hasta ellos para descubrir que eran las más enormes estatuas de piedra que sus ojos hubiesen contemplado.
Como aquel era domingo de Pascua de Resurrección, decidió llamarla Isla de Pascua, y se consideró su descubridor.
Claro que los nativos la habían descubierto dieciocho siglos antes, y la llamaban "Rapa Nui", que quiere decir Isla Grande.
Y también le decían : "Te pito o te henúa", que significa ombligo del mundo.
Pero no se quedaban cortos para darle nombres a su Isla y otros la llamaban "Mata ki te rangi", es decir, ojos que miran al cielo.
Al parecer, sus primeros habitantes llegaron, navegando miles de kilómetros, desde la Polinesia. Otros dicen que desde Suramérica.
Hay mucha grandeza en las Islas de Pascua. Y mucho misterio, sin resolver. Al pie de las estatuas, los arqueólogos encontraron las tablillas destruidas, con escritura jeroglífica todavía no descifrada.
Las tablillas, como muchas estatuas, fueron despedazas por los tratantes de esclavos peruanos y por los misioneros católicos franceses en el siglo XIX. Hoy, algunas de aquellas tablillas, más o menos intactas, reposan como curiosidad en la Biblioteca Secreta del Vaticano.
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Hoy ya no quedan auténticos Rapa Nui, auténticos nativos. La historia se ha perdido, y el misterio continúa. Solo quedan esas gigantescas estatuas como testigos silenciosos de una civilización desaparecida hace mucho tiempo.
Y solo recordamos que un marino holandés descubrió, para occidente, la isla llamada "Mata ki te rangi".
Es decir, ojos que miran al cielo. Y que la rebautizó como Isla de Pascua. Y que fue un día como hoy, 5 de abril de 1722. Y así quedó para la historia, el asombro y el misterio.
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