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<< REGRESO A ÍNDICE DE EFEMÉRIDES
9 de abril
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EL DESMESURADO CREADOR
Cuenta una muy antigua y extravagante leyenda francesa que una mujer, después de un embarazo de once meses, dio a luz a su hijo por una oreja.
Semejante engendro monstruoso tuvo que ser alimentado con la leche de 17. 903 vacas y ni aun así, quedaba satisfecho.
Y no solo eso: cuentan que prefería el vino, mejor que la leche y que su primer grito de recién nacido fue: ¡Dénme de beber todo el alcohol del mundo!
Semejante personaje es apenas uno de los muchos extravagantes, monstruosos, cínicos, desmedidos en todo orden
o mejor, en todo desorden, llevados a la literatura por un personaje curioso en todos los sentidos:
Se llamaba Francisco Rabelais y era hijo de un acaudalado hombre de negocios de la Francia del siglo XV.
Su padre, preocupado por la telúrica imaginación de su hijo, pensó que un poco de disciplina no le iría nada mal, y decidió que fuese sacerdote.
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Rabelais
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Pero el espíritu creativo e irreverente de Rabelais era superior a la fuerza represiva de los muros del convento o las sotanas, y ya convertido en sacerdote, Rabelais tuvo que huir porque entre sus libros se encontraron textos griegos, prohibidos por la inquisición.
La inquisición también se encargaría de condenar sus libros y de amenazarlo con la hoguera. Por suerte, su posición económica y la rapidez de sus piernas, le permitieron escapar del castigo.
Rabelais es para Francia, como Cervantes para España. Brillante personaje, curioso, investigador, pensador irreverente, abogado, médico, sacerdote, gran escritor.
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Las obras de Rabelais, escritas a contra vía, en medio de la prisa y del miedo por su vida, son una permanente invitación a la alegría de leer, a la alegría de pensar.
Un día como hoy, 9 de abril de 1553, Rabelais estaba viajando para nunca jamás regresar. Pero, por suerte, su pluma brillante, su mente sin ataduras, ha quedado entre nosotros.
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