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TODA LA PLATA DEL MUNDO
En una ocasión, un joven pastor indígena llamado Diego, había sido sorprendido por la noche en medio del páramo boliviano eintentó encontrar aunque fuera una pequeña caverna para protegerse del frío inclemente, pero todo esfuerzo resultó en vano.
Desesperado, entonces, juntó unas rocas para hacerse un abrigo que le protegiese del viento helado y cortante. A los pocos minutos descubrió que la barrera era inútil, como inútil era el poncho que malamente lo cubría. Entonces decidió buscar algo de leña y paja para encender fuego.
Caminó unos metros y de repente vio algo que no pudo entender. Parecía como si un trozo de luna llena se hubiese posado sobre una roca gigantesca. Y sobre otra, y otra y así, sobre todas las rocas a su alrededor.
Con el fuego encendido, aquellas rocas refulgían como joyas preciosas, de caprichosa forma. Era plata. La más grande cantidad de plata junta del mundo entero. La mina de plata que el mundo conocería como Potosí.
Fue tanta la plata de aquella mina, que para las fiestas de Corpus Christi, las calles, por donde habría de pasar la procesión, se cubrían con adoquines de plata.
De plata eran las herraduras de los caballos, y de plata las vajillas que las familias ricas arrojaban por las ventanas, después de usarlas una vez.
Potosí, en Bolivia, fue la ciudad más rica del mundo. Hoy, sus calles polvorientas y muchos de sus barrios sin agua potable, no nos hablan de aquel pasado, porque la mayoría de aquella riqueza fluyó al viejo continente.
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Caprichoso destino han tenido nuestras riquezas, en América. Y aquella mina, la que permitió tanto lujo y tanta pompa en Europa, estaba siendo descubierta por el pastor indio Diego Hualipa, un día como hoy: 10 de abril de 1545.
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