¡ALÁ ES GRANDE!
Hubo un joven pastor de cabras, que en la historia figura como uno de los hombres más reconocidos e importantes. Y aunque no se guarda ningún retrato suyo, dicen que era un rostro muy bello, trigueño, ojos negros brillantes, de mirada amable e inteligente.
Había quedado huérfano muy joven y de su adolescencia se conoce solo que viajaba por el medio oriente, en caravanas comerciales. Siendo muy joven entró a trabajar al servicio de Jadiya, una viuda muy rica, y lo hizo con tanto éxito, que poco tiempo después se casó con ella. Aquel joven, el nuevo esposo de Jadiya se llamaba Mahoma.
Sí, Mahoma. Y estaba llamado a convertirse en el fundador del Islam, una religión que hoy profesan más de mil millones de personas en el mundo. A lo largo de sus primeros cuarenta años, Mahoma tuvo contacto con distintas vertientes religiosas, en especial con las caravanas que cruzaban el desierto.
Allí conoció de cerca a judíos y cristianos, pero rechazó de ellos su propósito de enriquecimiento y sus adoraciones a un dios central y a otras divinidades. Y Mahoma quería ser monoteísta absoluto. Fue cuando - dice él --, se le apareció el Arcángel Gabriel para iluminarlo en su nuevo credo.
Tras una juventud casta y un matrimonio monógamo, Mahoma después vivió todos los placeres del amor con sus 14 esposas y sus muchas esclavas. ¡Alá es grande!
Y hoy se le conoce como el creador del Islam, como el Profeta, como el fundador de la religión de más crecimiento en el mundo actual.
Y estaba naciendo un día como hoy: 20 de abril del año 570. Una fecha sagrada para los mil millones - y más --, de musulmanes que en el mundo existen.