Corría el año de 1792 y Francia se encontraba envuelta en los huracanas de la guerra.
En ese momento las tropas francesas llegaron a Estrasburgo y pidieron al alcalde de la ciudad que se uniera a ellos para llamar voluntarios en la lucha contra Austria.
El alcalde se llamaba Federico Dietrich y aunque aceptó, reclamó a los militares que las tropas francesas no tenían la motivación de los grandes himnos para ir a la guerra. Y entonces le dijo:
!Falta la pasión que agita la sangre, faltan la letra y la música que inflame las almas, que mueva a nuestros hombres a lanzarse a la lucha en pos de la victoria.
François Rude: La Marsellesa
1833-1836, piedra, 13 x 8 m.
Arco de Triunfo de l'Etoile, París.
El capitán de aquella tropa era Claude Rouget de L´Isle , y entre sus pertrechos de guerra cargaba un maltrecho violín para espantar los miedos en las noches de reposo, y decidió hacer suya la idea propuesta por el alcalde.
Rouget de L´Isle, entonces, no durmió aquella noche y compuso una melodía intensa a la que llamó Canto de Guerra para los ejércitos del Rhin
Al día siguiente, en compañía del alcalde de la ciudad y del precario violín, cantaron juntos el himno que llenó de entusiasmo a la tropa.
Ese himno de guerra se llamó después La Marsellesa y se convirtió en el más conocido de todo el mundo.
Y fue compuesto un día como hoy: 24 de abril de 1792.