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JULIO CORTAZAR
El mundo está lleno de personajes como usted, como yo, como todos nosotros, que vivimos fantasías, que imaginamos cosas que nunca suceden, que soñamos seres que no existen.
Un escritor argentino, imaginó que existían seres llamados cronopios. Y como nadie ha visto nunca a ningún cronopio, usted puede imaginarlo como quiera en este momento.
Y uno de ellos, un cronopio, una mañana, vivió una experiencia llena incertidumbre porque pensó que el mundo había cambiado totalmente de orden y que el único dios que existía era el caos en el que ahora se encontraba.
Sucedió que ese cronopio quería abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que sacó fue una caja de fósforos.
Y tuvo terror pensando que quizás todas las cosas en el mundo habían había cambiado de un lado a otro. Entonces imaginó que sería horrible que abriera la caja de fósforos y encontrara la llave.
Y que abriera la billetera y la encontrara llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía telefónica llena de música, y el ropero vacío de ropa y lleno de transeúntes.
Y tuvo miedo de encontrar los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías.
Entonces el cronopio lleno de terror fue a mirarse al espejo, y tuvo la mala suerte de que el espejo estuviera ladeado y lo que vio reflejado fue un trozo de zaguán.
Entonces creyó que sus presunciones estaban confirmadas y cayó de rodillas, sollozando, juntando las manos, en un gesto inútil.
Ese es un fragmento de una obra del escritor argentino Julio Cortázar, figura de las letras latinoamericanas, que estaba naciendo un día como hoy, 26 de agosto de 1914.
Y le deseamos un feliz cumpleaños y le agradecemos sus cronopios y rayuelas, y sus historias inolvidables.
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