|
AMADO NERVO
Hubo un reconocido poeta mejicano que, cuando daba una mirada a lo que su vida había sido, afirmaba con mucho de modestia y con un poco de machismo:
Semejante al rey de alguna historia famosa, soy un hombre a quien jamás le sucedió cosa alguna. Mi vida ha sido nada interesante. Al igual que los pueblos felices y las mujeres honradas, yo no tengo historia".
Quien eso afirmaba era Amado Ruiz de Nervo, más conocido como Amado Nervo, un hombre que, además de ejercer el periodismo y la carrera diplomática fue un poeta modernista, amado por su pueblo.
En su poesía, Amado Nervo se convirtió en la voz del intimismo, y pronto se convirtió en un poeta que buscaba a Dios de manera obsesiva.
Esta tendencia creciente lo fue apartando del modernismo y de los círculos de poetas que empezaron a considerarlo anacrónico por su fervor religioso.
Pero algunos de sus poemas, obras que expresaron profundo sentimiento de amor a la vida, son ahora clásicos en la literatura latinoamericana.
Cuando en los últimos años Amado Nervo hizo un balance de su vida, escribió lo siguiente:
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
Porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales coseché siempre rosas.
Amado Nervo nació un día como hoy, 27 de agosto de 1870. Y desde el fondo del tiempo, al recordar su vida, recuerda con alegría que
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
|