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CHARLES BAUDELAIRE
Un sacerdote de 60 años, decidió un día colgar la sotana y casarse con una jovencita de 20 años. De aquel matrimonio nació un niño llamado Charles que pronto quedó huérfano al morir su padre.
Su madre, mujer muy joven, volvió a casarse, en esta ocasión con un militar de alto rango. Pero aquel padrastro nunca fue bien recibido por el pequeño que, como solución, fue internado en un colegio. El niño se llamaba Charles: Charles Baudelaire, y el mundo lo conoció más tarde como uno de los poetas malditos.
Baudelaire heredó de su padre, el exsacerdote, una gran fortuna que dilapidó en todos los placeres, incluyendo los prohibidos. Al final, su madre y su padrastro, a través de un juicio, lo despojaron de la herencia, y la vida de Baudelaire fue un vía crucis para pagar deudas y huir de acreedores.
Como escritor, Baudelaire no hizo concesiones ni a la sociedad ni a los valores de su época. Sus libros fueron censurados, prohibidos, y él mismo sufrió amenazas y persecuciones.
Baudelaire no se detuvo en nada para provocar, para mostrarse irreverente. Y en pleno siglo XIX, se atrevió a escribir las letanías a Satán, en las que se condolía de aquel ángel caído en desgracia por desobediente
¡Oh Tú, el más sabio y el más bello de los Angeles,
Oh Dios traicionado por la suerte y privado de alabanzas!
Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Y agregaba, recordando la historia bíblica y pidiéndole perdón
Oh Príncipe del Exilio, a quien se le ha hecho un agravio,
y que vencido, siempre te levantas más fuerte,
Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Estos y otros textos fueron prohibidos y apenas en 1949 el gobierno francés levantó la censura, que de todas formas había resultado inútil.
Baudelaire, estaba desapareciendo un día como hoy, 31 de agosto de 1867.
Y más allá del silencio, él sabe que lo reconocemos como el poeta maldito, el de las flores del mal, el de los versos duros, inolvidables y telúricos.
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