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La voz autorizada
Es normal que los legos, los que hemos nacidos negados para el arte, nos conmovamos ante las obras de los grandes maestros. Pero cuando los artistas se estremecen ante los cuadros ajenos, es porque en verdad se habla de algo grande. En 1650 el famoso pintor flamenco Andrea Schmidt visitaba el Panteón de la Congregación de los Virtuosos en Roma y se detuvo ante un cuadro para decir: Todo lo que hay colgado aquí es pintura: pero este cuadro es realidad.

La obra era de Diego de Silva y Velásquez, el pintor que tenía que ocultar su oficio, porque hacer algo con las manos se consideraba innoble en la España que lo vio nacer.