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1 DxP jaque PxD
2 AxT mate
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Cuentan de un muchacho inglés de apellido Higgins, soñador y aventurero, inteligente y creativo que estaba aburrido de tanta felicidad en su pueblo de Erwhom, y un día lió sus bártulos y marchó sin rumbo hasta encontrar una islita sin nombre, primitiva y perdida en medio del Pacífico.
Allí, entre los nativos de color cobrizo, aislados de la civilización, Higgins vivió durante un tiempo, aprendió su idioma y su música. Nunca se casó ni tuvo hijos y al final creó un estilo de vida que era mezcla de aquella cultura autóctona y algunas refinadas costumbres británicas a las que Higgins nunca renunció.
Y llegó el día en el que también se aburrió de aquella vida y, sin decirle a nadie, fabricó un inmenso globo de lona e improvisó un dispositivo de aire caliente y escapó de la isla, volando, sin anunciarlo.
Higgins regresó veinte años más tarde a aquella isla remota y encontró que él mismo era adorado como Dios, con templos y estatuas. Los nativos lo llamaban El Hijo del Cielo, porque lo habían visto ascender y la leyenda hablaba de una madre que nunca tuvo, que también se había ido al cielo, y de milagros que nunca hizo, y de ejemplos que nunca dio.
Higgins, impresionado y molesto, buscó a los sacerdotes para echar por tierra toda aquella brutal farsa, pero los sacerdotes le explicaron que ellos gobernaban apoyados en aquellas creencias, y que sus privilegios eran posibles por aquella historieta.
Higgins insistió en decir la verdad. Entonces los sacerdotes lo degollaron. Y nunca contaron nada a nadie. En esa isla, los únicos ateos son los sacerdotes.
Aquí, también, hay alguien engañando a alguien. Por eso la norma uno en ajedrez - y dicen que en la vida-es someter al otro.
Krasinov-Hapimann..
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