Hoy es difícil distinguir entre espectáculo y deporte. Hay quienes son amantes del primero, no del segundo.

Existen tipos que se dicen amantes del deporte, porque van a tomar cerveza a los estadios, y la única caminata de la semana es del auto hasta las graderías.

En todo caso, el deporte, que también es sufrimiento y alegría, nos recuerda a ese niño juguetón que todos llevamos dentro, y ocupa hoy un creciente espacio en los medios de comunicación y en la escala de valores del mundo actual.

No me imagino a un político acorralado en una calle, por un grupo de fans, pidiéndole autógrafos.

En cambio, un ídolo de la NBA o Maradona, o Ronaldinho o un beisbolista, aglutinan a su alrededor a fieles que quieren tocarlos para podérselo contar después a sus hijos.

Y lo digo yo, que una vez hablé con Maradona.

Maradona tiene que recordar aquel encuentro conmigo. Yo fui aquel tipo de gafas que en un aeropuerto le dijo: “Qué gusto....”

Inolvidable, para Maradona. Inclusive me dio la mano. Y Yo le di la mía, esta, la derecha. Ya lo ven: ¡Y no soy de los que ando por ahí, contándoselo a todo el mundo, presumiendo... para nada.

Bueno: en esta página, historias del deporte espectáculo, y del espectáculo del deporte, y del “deporte deporte” que, aunque parezca mentira, también existe.

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