Y siendo así, entonces que vengan los dioses para que sean derrotados: Ya nadie nos podrá atar a nada y no existirán águilas que se alimenten de nuestras entrañas.
Actualmente, millones de personas en el mundo pueden ¡podemos! tener un periódico propio sin que tengamos el apellido Hearst, o publicar nuestro propio libro, sin esperar dieciséis portazos en la nariz, como los tuvo que sufrir Julio Verne, antes de que se le publicara el primero.
Bienvenidas, bienvenidos a esta aventura del pensamiento.
De ustedes espero las luces que iluminen estas páginas.
